«La vida está más llena de misterios y preguntas que de respuestas.»

Hoy me llamo Irina Jurado, un nombre totalmente diferente a aquel masculino que me asignaron cuando nací en abril del 2002, hace ya dieciséis años, cuando comenzó mi historia, sin siquiera imaginar lo distinta y maravillosa que sería.

 

Desde que tuve uso de razón me sentí diferente a los demás, como si en mi hubiera algo que no concordaba con lo socialmente esperado a partir de mi sexo al nacer. Siempre sentía una atracción hacia todo lo opuesto de lo que me decían que debía gustarme. Siendo tan pequeña  no sabía cómo expresar esta situación, ¡no sabía cómo decirlo!, y ahora que soy mayor me doy cuenta de que cuando  uno es pequeño sabe muy bien que los padres no nos creen y no nos prestan atención… Bueno, no  todos, pero en mi caso sí, y no sé porque, puede que haya sido debido a que mi madre solo pasaba trabajando para mantener los gastos de la familia, así que solo la veía a veces.

Mi padre, para mí, nunca existió y siempre me ha dado igual si pregunta o no por mí, si vive o muere, al final uno no puede extrañar lo que nunca tuvo, y yo nunca tuve su amor.

Mi mamá, como muchas otras, tuvo que centrarse en que “no nos falte nada” y resultado de esto, nunca nos dio tiempo para mí y mis hermanos. Y sin tiempo de calidad, no pude sentir ese amor ni esa confianza de la que tanto me hablaban en la escuela como para contarle lo que iba viviendo en mi infancia.

Y así cumplí 15, y como el resto de mis compañeras yo quería una fiesta o algo así, pero no pude tenerla, no recibí nada. Mis cumpleaños nunca fueron un motivo de festejo para mí, no sé si por nuestra condición económica o por mi identidad de género diversa.

Mi proceso fue dándose así, en ese contexto. Lo más revelador que hice fue reconocerme en otras personas y así descubrir que, como ellas, yo era una chica trans.

Revelador porque pude preguntar cosas que nadie, ni yo misma me había podido responder hasta entonces. Ellas me guiaron, recomendando que “poquito a poquito” cambie mi ropa, que empiece mi hormonización, pues a la edad que tenía “si me hormonizaba, en un futuro, no  tendría rasgos masculinos” y eso me puso ansiosa,  porque esa promesa de no tener rasgos masculinos tenía sabor a solución, a mejores días. Así que lo hice y sentí cambios en mi cuerpo, en mi voz, en todo. Lo hice durante 7 meses seguidos a escondidas de mi mamá, cosa que no fue tan difícil ya que nunca pasaba conmigo.

Los cambios no fueron solo hormonales, pues fui enfrentando a mi mamá, diciéndole qué era lo que yo quería ser, e introduciendo en la conversación a mi proceso hormonal. Ella evitó el tema casi con total efectividad, respondiéndome con repetitivos “no molestes” y con llantos en silencio.

Cada vez, veía mis sueños más lejos.

A mí me gustaba mucho ver el documental que relata el proceso de transición de género de Jazz, una internacionalmente conocida chica trans. Siempre la envidié, ya que sus padres y hermanos le mostraban amor incondicional y la apoyaban. Todo lo que no tenía yo.

Hoy que me llamo Irina, reconozco que en mi vida he sido discriminada, maltratada, rechazada y burlada, y no hablo de mi familia únicamente, sino también de otros espacios como el colegio… Difícil es para mí olvidar cuando le conté a mi mamá de las burlas de uno de mis profesores, ante lo que no se hizo nada, como si fuera algo normal o como si me lo mereciera. Eso me llenó de dolor.

Me di cuenta de que si me pasaba algo no iba a contar con nadie.

Me hundía en un mar de tristeza en el que yo sola tenía que enfrentar mi realidad, y varias veces ese mar casi logra ahogarme. Fui débil y me intenté suicidar, pues no lograba contener la rabia y el dolor que sentía dentro de mí.

Entre los golpes que intercambié con varios compañeros en el colegio aprendí a no aguantar más burlas y discriminación, y que algo tenía que hacer para no seguir viviendo en un mundo así.

Hoy me llamo Irina al fin, y la batalla más importante ya la gané: me acepto y amo como soy.

Soy una adolescente como cualquier otra, enfrento problemas, aprendo cada día y tengo muchos sueños. Sueño, por ejemplo, que algún día llegaré a ser modelo, actriz o periodista.

Sé que algún día, con o sin ayuda, lograré ser una mejor mujer de la que siempre fui y soy.

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